Jueves, 18 de Junio de 2009 20:08
Tratas de imaginar cómo sucederá, tu altura, cuánto pelo tendrás y cómo será tu barba, ¿y tu cuerpo, gordo o flaco? Qué acabarás estudiando y qué trabajo te deparará el futuro, como si tuviera que ser uno..., divagas sobre cómo será tu casa y qué coche tendrás, ¿qué será eso de enamorarse y de ocurrir cómo y quién será ella?, solía pensar, ¿me reconocería si me visitara desde el futuro, con 25 o 30 años?
De existir la tecnología que lo permitiera no veo a nadie usándola para enriquecerse, o vengarse, al menos no de primeras, creo que todos tenemos una deuda para con nosotros establecida en nuestra infancia. Viajar a darnos unas palmadas en la espalda, decirnos que no nos preocupemos sería nuestra primera opción, nos mentiríamos a nosotros mismos, al fin y al cabo es lo que mejor aprendes a hacer con los años. Porque yo me miento a diario pensando que mis abuelos y mis padres y mis hermanos van a estar ahí para siempre cuando la experiencia me dice que un jueves cualquiera, mientras te tomas el colacao del desayuno, la vida puede estar gestando un trágico cambio de línea argumental.
Nunca creí que cumpliría 31 por el simple hecho de que no me lo esperaba.
Nadie te prepara para avanzar, todo lo que nos inculcan está cimentado en las expectativas. Expectativas de un estatus mejor, de una casa más grande, un coche más rápido o un cuerpo sujeto a los estrictos y caprichosos cánones de la belleza. Así que la sensación es la del roedor corriendo por la rueda, siempre con una meta en el horizonte. No te alertan del desamor o la traición, la soledad y la melancolía, ni si quiera un esbozo o una ligera advertencia, nadie se detiene un segundo a avisarte de lo nocivo de un arpegio de guitarra en una tarde de domingo, ¡maldita sea!
Ni una mención sobre los 30 o los 50 o los 70; qué hacer por el camino, cómo y cuándo decidir tener hijos, qué es sentir que la vida de otro avanzando por la tuya, cómo es es bifurcación, ¿duele?¿Volveré dentro de 30 años a visitarme, a contarme otras mentiras?
Nunca creí que cumpliría 31, la verdad, por el simple hecho de que no me lo esperaba.
No recuerdo el 19 de junio de 1978, ni siquiera sé si tenía alma una hora antes de que Olalla llegara a la Cruz Roja de Málaga, pero si alguien puso eso entre mi esternón y mi corazón fue ella, primeriza y asustada, seguramente con la frente perlada por el sudor y con el vientre encendido en llamas. Mañana olvidaré las expectativas, el miedo, las mentiras y me centraré en celebrar con ella, lo que aprendimos ese día...
Que el dolor es el precioso punto de partida.
Nunca creí que cumpliría 31.

