Bleu&Lucia
Sábado, 05 de Julio de 2008 11:06
Es tarde, de largo medianoche. La calle desierta le responde con un eco a sus pisadas. Los tacones la están matando además de las suelas que se pegan al piso.Al final, a la altura de la plaza, el empedrado recién regado se evapora con parsimonia dando a lugar a un hedor indescriptible. Si pudiera mirarse en un espejo encontraría unos ojos vidriosos, irritados por el humo, reflejo inequívoco de cuatro vodkas y un Malibú con piña.
La realidad no es otra que la de sus tobillos, que exigen un alto en el camino y el hueco de un portal parece el lugar apropiado para la tregua. Aparta un par de botellas y al fin se sienta. Al gesto de aflojar el zapato le sigue una punzada que la paraliza y le hace cerrar los ojos. Una eternidad más tarde, al abrirlos, puede ver toda la plaza se extendiéndose ante ella, y cómo la tenue luz de las farolas refulgen un pávido resplandor sobre la calzada de piedra.
Hurga en su bolso, es uno pequeño, de fiesta, no recuerda cuando lo compró porque odia los bolsos pequeños, prefiere los que pueden cruzarse. Se jura que no lo volverá a usar al tiempo que el tacto de papel doblado la alerta de que ha hallado lo que fue a buscar. Sonríe cuando lo sostiene, a Bleu siempre le gustó mezclar sus palabras con letras de canciones. La vuelve a leer como otras tantas veces y trata de imaginarse cómo sonaría con su voz. Hacía meses que no lloraba pero si hubo un momento para retomar la costumbre era ese. A veces las lágrimas caen como un ósculo, otras te violan.
Pero esa noche no las hubo. Sólo un par de zapatos abandonados junto a un bolso de fiesta y un retazo de recuerdos volando en espiral cortesía de una corriente cálida y húmeda de aire.
Pero esa noche no las hubo. Sólo un par de zapatos abandonados junto a un bolso de fiesta y un retazo de recuerdos volando en espiral cortesía de una corriente cálida y húmeda de aire.
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