Miércoles, 30 de Marzo de 2011 10:21
Encogida, envuelta en sábanas, abrazada a la almohada. Con su cerebro mandando información sobre una presencia que ya no la acompañaba. Olores y sensaciones inventadas por neurotransmisores que sólo encontrarían el consuelo en el llanto. Ósculo inevitable a la una y veintisiete de aquel miércoles cualquiera.

